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Dos
tardes, ante toros de Camacho y Jandilla, en las que Sevilla puede
valorar al último revolucionario del toreo
Hay
trasiego del grande en el domicilio madrileño de El Juli.
Acaba de concluir una entrevista, una más, con una televisión.
"Los periodistas te traemos por la calle de la amargura de un tiempo
a esta parte, ¿eh?", le comento para romper el hielo. "No importa,
no importa, esto es así". Habla un hombre, de 16 años,
pero un hombre como un castillo, un matador de toros de recentísima
alternativa que, sin apenas otorgarle el aconsejable margen de espera
al tiempo, ha cambiado el concepto de la tauromaquia moderna. Julián
López se apoya en una seguridad pasmosa a la hora de hablar,
parece que alguien le hubiera soplado unas horas antes las preguntas.
Se le nota eufórico, como deseando que termine la conversación
para meterse en el coche de cuadrillas y llegar a reventar otra
ciudad, otra plaza. Y esto no ha hecho más que comenzar.
Pregunta. Ha sido todo tan rápido, Julián, tan vertiginoso,
figura del toreo con todos los honores, que cuesta trabajo creer
que te haya dado tiempo a sentarte, a reflexionar, a calibrar el
momento mágico que estás viviendo.
Respuesta. Mi pensamiento siempre ha sido el mismo: en esta vida
sólo hay que pensar en avanzar, avanzar y avanzar, mirar
hacia adelante y dejarse de volver la vista atrás, porque
el próximo compromiso, la siguiente corrida, está
ya ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Reflexionar, lo
hago sobre el presente y el futuro, pero muy rápido.
P. Alguien te pondría en antecedentes de lo que estaba por
venir. Me gustaría saber quién fue y cuándo.
R. Bueno, mi padre, claro, pero eso es normal, qué me iba
a decir él, que era el mejor del mundo y que iba a ser un
torero de época. No, en realidad fue el matador Gregorio
Sánchez, mi maestro en la Escuela de Tauromaquia de Madrid,
el que me insinuó alguna vez en los comienzos que esto podía
ser importante, que podría llegar a ser figura.
P. Ahora ya tienes el sambenito colgado: eres un joven afortunado
que va logrando con creces todo lo que se propone. Hablemos de las
cosas que se han quedado y se tienen que quedar en el camino, del
sacrificio que ha tenido que pagarse a cambio de esta historia.
R. Esta profesión es muy dura porque hay que estar muy centrado.
Entonces, a ciertas edades se hace muy cuesta arriba ponerse serio,
hacerse mayor y responsable de todos los actos. Pero si eres una
persona ambiciosa las consecuencias las tienes que sufrir día
a día, no queda más remedio, es el precio que hay
que pagar.
P. Lo primero que llamó poderosamente la atención
de tu toreo fue la inquietud por rescatar viejas suertes, sobre
todo de capa. Las lecciones prácticas en la escuela taurina
habrán tenido que influir, no sé si habrás
indagado también en tratados antiguos de tauromaquia...
R. Todo influye, desde luego, pero no puede olvidarse que yo me
hice torero en México, esa creo que fue la influencia definitiva.
Allí pude tentar y ver en la plaza a muchos toreros con una
variedad en su lances de capa mareante. Aprendí mucho con
ellos y ahora lo intento hacer lo mejor posible en la plaza.
P. Uno entiende que lo mejor que se puede decir de un torero es
que atesore una personalidad propia, muy definida. En tu caso la
cuestión adquiere todavía más mérito,
por cuanto te has definido muy pronto. Pero me cuesta creer que
no tuvieras tus espejos, especialmente en los primeros años.
R. Estoy completamente de acuerdo con ese planteamiento, es esencial
adquirir una personalidad propia lo antes posible. Pero también
es verdad que uno se fija en los demás; al principio me influyeron
mucho Espartaco, con el que tengo ahora el placer de torear, o Paco
Ojeda. ¿De los de ahora? Me fijo en todos, de verdad.
P. Siempre se ha dicho que los llamados niños prodigio no
han cesado un solo instante en machacarse, practicar un número
de horas ilimitado, sin apenas un hueco para el descanso...
R. Pero el toreo no es una rutina, es un sentimiento muy fuerte.
Así que si te apetece y estas a gusto con una muleta en la
mano durante dos horas, pues lo haces; si hay un día que
no se te antoja, pues lo dejas para una mejor ocasión y te
dedicas a hacer deporte, a correr o a pasear en el campo, cualquier
otra cosa. Pero nunca puede uno aburrise, eso es fundamental.
P. Te vas a presentar en pocos días como matador de alternativa
en la plaza de Sevilla. Muchos toreros han dicho que a la Maestranza
hay que venir, sobre todo, a disfrutar. No sé si compartirás
esa opinión.
R. Totalmente. Ya de novillero corté dos orejas a un novillo
de Juan Pedro Domecq, el 24 de mayo, y te puedo decir que disfruté
como el que más, ya lo creo que disfruté.
P. Con todo, Julián, ya empiezan a surgir algunas voces discrepantes.
Se dice que les faltas demasiado el respeto a los toros, que tus
faenas bajan de tono con la muleta...
R. Eso es inevitable, siempre surgen los peros cuando un torero
está arriba. ¿Es que ha existido alguna vez el toreo
perfecto? En lo que a mí respecta sólo diría
una cosa: las orejas se cortan con la muleta, y yo corto orejas
sin parar, todas las tardes.
P. Una última licencia, con tintes económicos en este
caso. ¿Puedes presumir de que eres un torero rico a estas alturas
de tu carrera?
R. Bueno, sí... Lo cierto es que ya he ganado dinero en esto,
pero no es suficiente, ¿eh? Hay que seguir, aspirar siempre
a más, porque esto no ha hecho nada más que empezar.
Ya dije que era ambicioso, ¿no?
ASÍ
TOREA EL JULI:
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