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Sevilla
cuenta con una muralla de la
época romana. A lo largo
del tiempo, el recinto de
murallas tuvo diferentes puertas
y postigos que, tras su
erradicación, han dejado
su arraigo en la capital.
Sevilla
habla de sus puertas

Todos
conocemos la existencia de los
restos de la muralla que rodeaba
a la ciudad de Sevilla desde
tiempos remotos. Sabemos que
contaba con puertas de acceso a
la ciudad que salvaguardaba con
torres de vigía.
Sin
embargo, poca información
nos llega acerca de la
construcción de esta
fortificación, de sus
ampliaciones y de los motivos por
los que reciben las distintas
puertas de que consta
denominaciones tan
peculiares.
Julio
César fue el primero en
convertir Sevilla en una plaza
fortificada, ensanchando la
primitiva ciudad fundada por los
fenicios y sustituyendo por
murallas recias la antigua
empalizada de troncos trabados
con barro que habían
existido en época
cartesiana.
Posteriormente,
Sevilla aumenta su número
de habitantes, tanto por
crecimiento vegetativo, como por
inmigración, por lo que
fue necesario ensanchar la
capital de la Bética,
evento que ocurrió
después del imperio de
Augusto.
A
partir de esta ampliación
nuestra ciudad contaba ya con su
muralla romana definitiva, que
tenía, a lo largo de toda
su extensión, 166
torres.
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