"El 15 de agosto es el día que más disfruto del año"
Con éste serán 58 los años no así las salidas que Manuel Bejarano lleva comandando el paso de la Patrona

J. G. P. • SEVILLA

Aunque retirado él dice que le cedió a su hijo, Eduardo Bejarano Uceda, el martillo de la Patrona en el año 1980 Manuel Bejarano Rubio sigue impartiendo cada 15 de agosto su magisterio.

Con éste serán 58 los años no así las salidas que este capataz trianero de nacimiento y residencia comanda las andas procesionales de la Virgen de los Reyes. "El que lleva la Virgen ahora es mi hijo afirma. Yo me arrimo, estoy a la vera de él, le doy una vuelta… y, a veces, también me meto a dirigir, porque lo que uno lleva dentro no se olvida".

Y a fe que este capataz de 77 años, el más veterano de la actualidad, guarda muchas cosas en sus adentros. Pese a su modestia, su nombre pasará a los anales del martillo y la trabajadera como el capataz que imprimió a las andas del Gran Poder ese característico 'paso racheao' con el que el Señor de Sevilla cruza cada madrugá las calles de la ciudad. "Yo no inventé nada dice , eso fue que el Señor quiso andar, pero yo no fui el inventor".

Su curriculum tampoco deja lugar a dudas: ventiún años como capataz de las cofradías de la Estrella, la Lanzada y Montserrat, amén de una larga permanencia en otras como las Penas, los Javieres y la ya mencionada del Gran Poder.

En la actualidad, Manuel Bejarano pasa sus días recogiendo los frutos y parabienes de una amistad cosechada a lo largo de muchos años con la que él denomina su cuadrilla, los hombres que cada 15 de agosto tienen el privilegio de pasear por Sevilla a la Patrona. "Para mí éste es el día más grande y el que más disfruto a lo largo del año. Lo cierto es que lo vivo todo el año y la cuadrilla lo vive conmigo. Cualquier día del año verás que aquí hay siempre costaleros de la Virgen de los Reyes. Si no uno, otro…", comenta sentado en un velador de un bar paredaño a la capilla de la Estrella.

De sus años como capataz del paso de la Virgen de los Reyes, Manuel Bejarano recuerda con especial cariño aquél en que el reloj le jugó una mala pasada y se le hizo algo tarde. "Yo estaba afeitándome y llegó mi hermana, que iba a ver a la Virgen, y me dice 'Manolo, ¿tú que haces aquí todavía?'. Resulta que eran las siete menos cuarto. Así que mandé a mi hermana por un taxi, me puse los pantalones y los zapatos, cogí el camisón y la americana y me fui vistiendo en el taxi. Me acuerdo que me pude poner la correa en la puerta de los Palos, una vez que saqué a la Virgen".

En contra de lo que parece ser un clamor popular, Manuel Bejarano se muestra un tanto reticente a ampliar el recorrido procesional de la Virgen. "Yo no soy partidario, a pesar de los pesares", manifiesta. Su tesis no deja de ser un tanto peculiar: "Las procesiones me gustan cortitas, porque si es breve daja ganas para verla al año siguiente, pero lo grande empacha".