Hoy
es la mañana. La gloriosa mañana en la que contemplamos el triunfo
de la Madre del Señor. Es la gran fiesta de María, la fiesta en
la que celebramos que ella participa ya de la Pascua de Jesucristo, y es signo
de la Pascua del triunfo de todos los cristianos.
Hay mucha historia retenida en la bendita imagen de Nuestra Señora de los Reyes. Cuánta teología al meditar en su presencia y cuánta devoción popular reflejada en sus desgastadas manos. Contemplamos este misterio ante la imagen gótica que tanto seduce a la barroca ciudad y archidiósesis. Mientras pasa la Señora un silencio inteligente lo dice todo. Nuestra actitud interior es de fiesta, de gozo y esperanza porque la salvación y la vida de Dios que hoy vemos realizada en María pueden mucho más que todas nuestras sensaciones de ser poquita cosa ¡El señor colma de bienes a los hambrientos!
Contemplamos mucho misterio en tan poco tiempo. La Virgen sale al encuentro con su pueblo. La Iglesia celebra, hoy como ayer, la gloriosa Asunción de la Bienaventurada Virgen María. Ella no es personaje abstracto y mítico. Admiramos a la persona que vivió de manera concreta. La mujer que llevó en su interior al Señor; que cree lo que Dios promete; que está feliz porque Dios actúa y salva. Hoy es el día en que la figura de María aparece como imagen y proyecto para la humanidad. El mal será vencido. La muerte no tiene la última palabra, y, de la misma manera que María comparte ya la vida de Dios, todos los hombres y mujeres estamos llamados a compartir esa victoria final del Dios que es amor, que es fidelidad, que es donación, que es ternura hacia los débiles.
El triunfo de María es reflejo de lo que Dios nos ha prometido. Esta es la teología del día de la Virgen. Nuestros ojos contemplarán cómo la multitud que ve aparecer triunfante a la Virgen de los Reyes se organiza para hacer del acto una manifestación fervorosa pero serena; solemne pero íntima y comunicativa. La Virgen de los Reyes transmite serenidad a su pueblo. Al asomarse el paso por el atrio de Palos se repetirá el silencio hecho oración por todos los sevillanos. Las estaciones en las cuatro esquinas serán la oración hecha canto por tan sublime victoria. De nuevo el silencio inteligente que Sevilla sabe poner en las cosas importantes. Así reza y se expresa esta ciudad.
El amor de Sevilla a su Virgen de los Reyes es grande y hermoso. Hoy es el día mariano por excelencia. El pueblo sabe estar junto a su Patrona en silencio respetuoso y contenida emoción. Es la lección de Sevilla. La ciudad y cuantos a ella vienen se contagian de ese fervor colectivo que les transmite la presencia gloriosa de la Madre de Dios.
La mañana de Virgen empieza de madrugada con el ir y venir de gentes y más gentes de la ciudad y archidiócesis. Sevilla demuestra que la multitud no es masa cuando la anima una profunda devoción. Esta mañana es uno de los más hermosos testimonios religiosos que conserva la ciudad, y el pueblo lo vive en toda su plenitud. Las formas que tanto cuida Sevilla son importantes para llegar al fondo y, el pueblo profundiza sabiendo estar junto a su Patrona.
Es el triunfo de "una mujer vestida de sol; la luna por pedestal" (Ap. 11, 9a). En la esquina del Sagrario, la da el sol en el rostro. Es más que nunca Estrella luminosa de la gran mañana. Igual ocurre al bordear la puerta de San Miguel desde donde el sol la acompañará hasta la plaza del Triunfo de la Inmaculada Virgen María asunta a la gloria del Cielo. Hay fervor y recogimiento. Sevilla sabe del misterio de María. El Sol que nace de lo alto, nos inundará a todos. Al pasar la Virgen de los Reyes continuaremos dando gracias porque el Poderoso ha hecho obras grandes en ella; porque la resurrección de Jesucristo incluye la de los creyentes; por la victoria total del Señor sobre el mal; porque en ella, humilde y esclava, el Poderoso lleva a cabo las obras prometidas a su pueblo.
Triunfo de María en el silencio de Sevilla. Hemos contemplado el Misterio de María en el Misterio de Dios. María, por Jesús, vive ya la plenitud del amor que no puede morir nunca. Y ella es imagen de la Iglesia. La primera creyente que ha llagado al término hacia el cual todos queremos caminar.
Alegrémonos en un Dios que muestra su fuerza en los sencillos; abrámonos como María a esta Vida que no puede morir nunca. La que viene de Dios y vemos reflejada en la Santísima Virgen de los Reyes, verdadero canto de Esperanza.
Es una mañana única del verano y la devoción de la mariana ciudad queda de manifiesto. Pasará la mañana, pasará el día, pero siempre permanecerá la Señora en el Cenáculo de la Capilla Real, intercediendo con su Hijo, el único salvador, ayer, hoy y siempre.